domingo, 23 de abril de 2017

Luis Cernuda / David



David
Escultura renacentista italiana
1504
Galería de la Academia de Florencia

           ESCULTURA INACABADA
(David-Apolo de Miguel Ángel) 
SORPRENDIDO, ah, sorprendido
Desnudo, en una pausa,
Por la selva remota,
Traspuesto el tiempo. 
Adherido a la tierra
Todavía, al tronco
Y a la roca, en la frontera
De infancia a mocedades. 
Es el instante el alba
Pura del cuerpo,
En el secreto absorto
De lo que es virgen. 
Reposo y movimiento
Coinciden, ya en los brazos,
El sexo flor no abierta,
O los muslos arco de lira. 
Por el dintel suspenso
De su propia existencia,
Se mira ensimismado
Y a sí se desconoce.
Dentro en el pensamiento,
Escucha a su destino,
Caída la cabeza,
Entornados los ojos.
Calla. Que no despierte,
Cuando cae en el tiempo,
Ya sus eternidades
Perdidas hoy.
Mas tú mira, contempla
Largo esa hermosura,
Que la pasión ignora;
Contempla voz y llanto 
Fue amor quien la trajera,
Amor, la sola fuerza humana,
Desde el no ser, al sueño
Donde latente asoma.

Luis Cernuda. La realidad y el deseo. 1924.

domingo, 16 de abril de 2017

José Emilio Pacheco / Tulum


Sitio arqueológico de Tulum
Riviera Maya. Estado de Quintana Roo (México)
Arquitectura maya
1200-1450 d. C.



Si este silencio hablara
sus palabras se harían de piedra.
Si esta piedra tuviera movimiento
sería mar.
Si estas olas no fuesen prisioneras
serían piedras
en el observatorio ,
serían hojas
convertidas en llamas circulares

De algún sol en tinieblas
baja la luz que enciende
a este fragmento de un planeta muerto.
Aquí todo lo vivo es extranjero
y toda reverencia profanación
y sacrilegio todo comentario.

Porque el aire es sagrado como la muerte,
como el dios
que veneran los muertos en esta ausencia.

Y la hierba se arraiga y permanece
en la piedra comida por el sol
—centro del tiempo, abismo de los tiempos,
fuego en el que ofrendamos nuestro tiempo.

Tulum se yergue frente al sol
en otro ordenamiento planetario. Es núcleo
del universo que fundó la piedra.

Y circula su sombra por el mar.
La sombra que va y vuelve
hasta mudarse en piedra.


domingo, 9 de abril de 2017

Olvido García Valdés / El rey Cophetua y la muchacha mendiga




El rey Cophetua y la muchacha mendiga
1884
Pintura prerrafaelita
Tate Gallery, Londres




EL REY COPHETUA Y LA MUCHACHA MENDIGA
Burne-Jones

Ella tiene los pies como Marilyn Monroe
y una tierna
indefensión en los hombros.
Están en una sala y la ventana
descorre sus cortinas a un atardecer
boscoso,
pero es como si fuera
una esfera
de cristal. No se miran.
Él la mira a ella. Ella a lo lejos.
Hace ya mucho tiempo que él la había soñado
como un aire
de cigüeñas, una luz,
y ahora estaba allí.
Tantas vidas que no parecen ciertas
en una sola vida.
Campanillas azules en la mano.
Él sabe que se irá. No hablan
y el momento está lleno de voz,
voz acunada, lejana.
El amor es una enfermedad,
campanillas azules. Siempre en ti,
como en el sueño, volviendo
siempre en ti. Tan incierta
la luz. Como en el sueño.
De "Exposición" 1990

jueves, 30 de marzo de 2017

John Keats / Vaso de Sosibios



Sosibios
Crátera de volutas
Estilo neo-áticoSiglo I a. C.
Museo del Louvre




Oda a una urna griega

Tú, todavía virgen esposa de la calma,
criatura nutrida de silencio y de tiempo,
narradora del bosque que nos cuentas
una florida historia más suave que estos versos.
En el foliado friso ¿qué leyenda te ronda
de dioses o mortales, o de ambos quizá,
que en el Tempe se ven o en los valles de Arcadia?
¿Qué deidades son esas, o qué hombres? ¿Qué doncellas rebeldes?
¿Qué rapto delirante? ¿Y esa loca carrera? ¿Quién lucha por huir?
¿Qué son esas zampoñas, qué esos tamboriles, ese salvaje frenesí?  

 Si oídas melodías son dulces, más lo son las no oídas;
sonad por eso, tiernas zampoñas,
no para los sentidos, sino más exquisitas,
tocad para el espíritu canciones silenciosas.
Bello doncel, debajo de los árboles tu canto
ya no puedes cesar, como no pueden ellos deshojarse.
Osado amante, nunca, nunca podrás besarla
aunque casi la alcances, mas no te desesperes:
marchitarse no puede aunque no calmes tu ansia,
¡serás su amante siempre, y ella por siempre bella!
         
 ¡Dichosas, ah, dichosas ramas de hojas perennes
que no despedirán jamás la primavera!
Y tú, dichoso músico, que infatigable
modulas incesantes tus cantos siempre nuevos.
¡Dichoso amor! ¡Dichoso amor, aun más dichoso!
Por siempre ardiente y jamás saciado,
anhelante por siempre y para siempre joven;
cuán superior a la pasión del hombre
que en pena deja el corazón hastiado,
la garganta y la frente abrasadas de ardores.

¿Éstos, quiénes serán que al sacrificio acuden?
¿Hasta qué verde altar, misterioso oficiante,
llevas esa ternera que hacia los cielos muge,
los suaves flancos cubiertos de guirnaldas?
¿Qué pequeña ciudad a la vera del río o de la mar,
alzada en la montaña su calma ciudadela
vacía está de gentes esta sacra mañana?
Oh diminuto pueblo, por siempre silenciosas
tus calles quedarán, y ni un alma que sepa
por qué estás desolado podrá nunca volver.

¡Ática imagen! ¡Bella actitud, marmórea estirpe
de hombres y de doncellas cincelada,
con ramas de floresta y pisoteadas hierbas!
¡Tú, silenciosa forma, tu enigma nuestro pensar excede
como la Eternidad! ¡Oh fría Pastoral!
Cuando a nuestra generación destruya el tiempo
tú permanecerás, entre penas distintas
de las nuestras, amiga de los hombres, diciendo:
«La belleza es verdad y la verdad belleza»... Nada más
se sabe en esta tierra y no más hace falta.


martes, 21 de marzo de 2017

Concha Espina / Muelle del Tinto



Arquitectura de los nuevos materiales
1874-76


Sobre el ancho paisaje fluvial, silencioso  y cristalino, que convierte a Estuaria en singularísima población lacustre se levantan en el arcén de la ría unos muelles férreos y monstruosos donde empiezan a sumarse los millones de la gran empresa nordetana explotadora del país:  cargaderos con grúas de mandíbula y de imanes, transbordadores y viaductos, insisten en las marismas con formidables plataformas apoyadas en vigas de celosía y columnas de fundición. La ingente mole recorta sus perfiles oscuros en la diafanidad del cielo azul a los pies de colinas rojas y arboladas, por las cuales va resbalando el caserío hasta la concha de la llanura dentada por los esteros.

Concha Espina
El metal de los muertos

lunes, 20 de marzo de 2017

Carlos Pinto Grote / Autorretrato de Van Gogh



Vincent Van Gogh
Autorretrato con sombrero.
1887
Instituto de Artes de Detroit


VINCENS VAN GOGH

Cuando te asomabas a la ventana,
con la oreja cortada,
los campos de Arlés frente a tus ojos
que sólo veían el sol,
estaban diciendo árboles, colinas,
árboles otra vez
mientras pasaba el viento sobre el trigo amarillo.

Y tu oreja cortada viajaba para el amor,
entre las nubes que venían, venían siempre
de los ocultos pasadizos
hasta el puro azul donde el cielo se consagraba.

Así, puesto el sombrero al desgaire,
te veías en el espejo
y te recorrías una y otra vez, dulcemente,
airadamente, apenas concluido
y exacto ya para el tiempo.

Luego en la habitación
donde una lámpara daba la luz propia de su quehacer,
una silla dialoga con ese ausente puro que eras
frente a ti y al espejo.

Más tarde, en la tarde,
cuando el sol ya no podía responderte,
salías, por los henares, por los caminos,
por los perdidos bosques de Arlés,
buscando esa oreja perdida que viajaba para el amor,
mientras tú preguntabas otra vez al viento
cuál era tu destino, quién eras tú, Vicente, herido,
roto, perdido en el aire que movía los trigos,
los árboles, los hombres.

“Unas cosas y otras”

domingo, 12 de marzo de 2017

Margarita Hernando de Larramendi / Laocoonte



Laocoonte y sus hijos
Siglo I d. C.
Escultura helenística
Museo Pío-Clementino (Museos Vaticanos)


El sufrimiento de Laocoonte

Más
-mucho más-
me hiere vuestra duda,
habitantes de Troya
amados míos

Mil veces la serpiente se vengue
mil veces me torture
mil veces me venza
y aun me mate

que mucho más doloroso
-que sólo insoportable-
me es vuestro recelo.

Las palabras perdidas (y otros poemas)