domingo, 25 de diciembre de 2016

Antonio Colinas / La caza de Meleagro



La caza de Meleagro
Pintura barroca francesa
1637/38
Museo del Prado. Madrid.

HOMENAJE A POUSSIN

Cicatrices de luz verde en el cielo.
Nubes de cobre rojo, de oro viejo.
De madrugada el bosque es una virgen
húmeda y vaporosa, destrenzada.
En el silencio de las espesuras
galopes de unos pechos como muros,
relinchos de corceles temerosos.
A la caza galopa Meleagro.
Ciñe el laurel la noble frente ebúrnea.
Todo el cuerpo de enfebrecido mármol
es azotado por las madreselvas.
Cicatrices, relámpagos del cielo.
Muerden los cascos todo el césped frío.
Suena como un tambor la tierra fértil.
Sabroso viene el aire hasta los labios.
Las puntas de la lanzas, con rocío.
Bajo los ojos muertos de Diana
pasan como una tromba los guerreros.

Truenos y flautas en un templo

domingo, 11 de diciembre de 2016

Mario Paoletti / Bisonte de Altamira



Un bisonte dormido
Pintura rupestre paleolítica
14.000-9.500 a.C.
Santillana del Mar. Cantabria



FUCSIA

Se estaba bien allí, en la penumbra, con la luz del gran fuego fundiéndose sobre los muros en una infinita gama de grises. Los demás, en cambio, preferían hacer rueda en tomo a las llamas, calentando el cuerpo y preparándolo para el sueño. Su mujer, entre ellos. La presencia de su mujer le avivó la mala conciencia. ¿Era moralmente aceptable que él se pasase todo el día pintando mientras el resto debía ocuparse de la dura lucha por la subsistencia? Lo único que atenuaba la incómoda sensación era que ellos parecían preferir que él continuase con su tarea, aunque al precio de mirarlo un poco extrañamente. En realidad, la mala conciencia sólo aparecía por las noches, cuando ellos llegaban en fila india y se dejaban caer junto al fuego, rendidos y sucios, sin aliento siquiera para quitarse sus abrigos de piel, hipnotizados por las llamas. Sólo a veces, antes de la cena, alguno se levantaba y pasaba a la otra estancia, donde él pintaba, para apreciar lo que había adelantado durante la jornada. Luego, al salir, le echaba esa mirada extraña que él prefería interpretar como una forma de aliento.

La noche era especialmente húmeda y fría. El pintor de las cuevas de Altamira se echó a dormir. Y soñó con un color que quince mil años después se llamaría fucsia.


domingo, 4 de diciembre de 2016

Antonio Buero Vallejo / Las Meninas



1636
Pintura barroca española
Museo del Prado (Madrid)



MARTIN.-LA historia va a terminar... Yo la contaré por las plazuelas y los caminos como si ya la supiera... Estoy solo y me volveré loco del todo: siempre es un remedio.
(Las cortinas del primer término se corrieron ante la inmóvil figura de VELÁZQUEZ. La luz vuelve a decrecer. La vihuela toca dentro la Fantasía de Fuenllana.) Se reirán de mi simpleza y yo fingiré que he visto el cuadro. Pedro, casi ciego, decía de él cosas oscuras, que no entiendo, pero que repetiré como un papagayo. (Mira el pan.) Pedro... (Las cortinas empiezan a descorrerse muy despacio.) Decía: será una pintura que no se podrá pagar con toda la luz del mundo... Una pintura que encerrará toda la tristeza de España. Si alguien me pintara un cartelón para las ferias, podría ganar mi pan fingiendo que los muñecos hablan... (Las cortinas se han descorrido. La luz se fue del primer término. MARTIN es ahora una sombra que había. A la derecha de la galería, hombres y mujeres componen, inmóviles, las actitudes del cuadro inmortal bajo la luz del montante abierto. En el fondo, NIETO se detiene en la escalera tal como lo vimos poco antes. La niña mira, cándida, el perro dormita. Las efigies de los reyes se esbozan en la vaga luz del espejo. Sobre el pecho de VELÁZQUEZ, la cruz de Santiago. El gran bastidor se apoya en el primer término sobre el caballete.) ¡Ilustre senado, aquel es don Diego Ruiz, que ni cara tiene de simple que es! Dice:
RUIZ DE AZCONA.-Hay quien se queja, doña Marcela... Pero nuestra bendita tierra es feliz, creedme... Como nosotros en Palacio...  
MARTIN.-Mientras doña Marcela piensa:  
D.ª MARCELA.- No sucedió nada... Estoy inquieta... Ahora, cuando lo miro, sé que lo he perdido para siempre.  
MARTIN.-Y los demás...  
NICOLASILLO.-¡Despierta, León, despierta!  
MARTIN.- Pero tampoco sabe lo que dice, como yo.  
D.ª ISABEL.- Dicen que en Toledo una fuente mana piedras preciosas...  
D.ª AGUSTINA.- En Balchín del Hoyo han encontrado, al fin, barras de oro...
MARI BÁRBOLA.- Nada sucedió... Dios bendiga a don Diego.  
MARTIN.-Esa mosca negra del fondo nada dice. Pero Vista de Lince la mira y piensa...  
NICOLASILLO.- El señor Nieto está llorando...  
MARTIN.- La infantita calla. Aún lo ignora todo. Don Diego la ama por eso y porque está hecha de luz. ¿Y él?   ¿Que pensará don Diego, él, que lo sabe todo?

(Una pausa.)
VELÁZQUEZ.-Pedro... Pedro..

(La música crece. MARTÍN come su pan.)

TELÓN

“LAS MENINAS”

domingo, 27 de noviembre de 2016

Paul Auster / Autorretrato con hermano imaginario



Autorretrato con hermano imaginario
1938
Museo de Arte Moderno de Nueva York 


Yo había tomado prestado el título de mi libro de un dibujo a lápiz de 1938 de Willem de Kooning. Autorretrato con hermano imaginario es una obra de factura delicada que representa a dos muchachos juntos y de pie, uno de ellos con un par de años más que el otro, el mayor con pantalón largo, el menor con bombachos. El dibujo me gustaba mucho, pero lo que me interesaba era el título, y no lo utilizaba como voluntaria referencia a De Kooning, sino por la frase en sí, que me parecía enormemente evocadora y apropiada para la novela que había escrito. Unos días antes, en el despacho de Betty Stolowitz, había sugerido poner el dibujo de De Kooning en la portada. Y ahora pensaba decir a Grace que no me parecía tan buena idea: los trazos a lápiz eran demasiado tenues y no iban a resaltar lo suficiente, con lo que el efecto quedaría difuminado. Pero en realidad me importaba un bledo. Si en el despacho de Betty me hubiera manifestado en contra de reproducir el dibujo, ahora me habría mostrado a favor. Lo único que quería era una ocasión de ver de nuevo a Grace, y el arte era el medio de propiciarla, el único tema que no comprometía mis verdaderos propósitos.

La noche del oráculo


lunes, 21 de noviembre de 2016

Javier Marías / Artemisia



Rembrandt Harmenszoon van Rijn
Artemisia
1634
Museo del Prado, Madrid
Pintura barroca holandesa


En una ocasión salió de su despacho casi a la hora de cerrar, cuando la mayoría de los visitantes habían salido, y encontró a un viejo guardián llamado Mateu (llevaba allí veinticinco años) jugando con un mechero no recargable y el borde de un Rembrandt, concretamente el borde inferior izquierdo del titulado Artemisa, de 1634, el único Rembrandt seguro del Museo del Prado, en el que la susodicha Artemisa, con rasgos muy parecidos a los de Saskia, mujer y frecuente modelo del pintor genio, mira de soslayo una enrevesada copa que le ofrece una sirvienta joven arrodillada y casi de espaldas. La escena se ha interpretado de dos formas, como Artemisa, reina de Halicarnaso, en el momento de ir a beber la copa con las cenizas de Mausolo, su marido muerto para quien hizo erigir un sepulcro que fue una de las siete maravillas del mundo antiguo (de ahí mausoleo), o como Sofonisba, hija del cartaginés Asdrúbal, que para no caer viva en manos de Escipión y los suyos, que la reclamaban formalmente, pidió a su nuevo esposo Masinisa una copa con veneno como regalo de boda, copa que según la historia le fue procurada por mor de la fidelidad en peligro, y eso que Sofonisba no había sido sólo suya y había estado casada ya antes con otro, el jefe Sifax de los masesilianos, a quien de hecho acababa de robársela el segundo y saqueador marido (susodicho Masinisa) durante la confusa toma de Cirta, hoy Constantina en Argelia. Así, es difícil saber ante el cuadro si en honor de Mausolo va a beber Artemisa maritales cenizas o marital veneno Sofonisba por culpa de Masinisa; aunque por la expresión soslayada de ambas más parece que una u otra fueran a ingerir, no sin vacilaciones, alguna pócima adulterina. Sea como sea, al fondo hay una cabeza de vieja que observa la copa más que a la sirvienta o a la propia Artemisa (de ser Sofonisba, es posible que la vieja le haya puesto el veneno), no se la ve bien del todo, el fondo es una penumbra demasiado misteriosa o está demasiado sucio, y la figura de Sofonisba es tan luminosa y abulta tanto que hace a la vieja aún más dudosa.

Corazón tan blanco

domingo, 13 de noviembre de 2016

Luis Rivera / Busto de Domiciano


Siglo I d.C.
Museos Capitolinos
Roma


9- Ante un busto de Domiciano

penumbra del sueño,
vestíbulo terrible,
pórtico de columnas
de caronte

-no el terreno hermoso de lo eterno
sino algo viscoso y ordinario-

un preámbulo, un paso,
respirar todavía: una conquista
del segundo que late
ensiforme

volver al minuto,
sin temor,
al nucleo del miedo
y despojarlo
atravesada la noche,
tan herida…

-un gemido de ninguna parte-

cada columna una sombra
una condena
y en cada hueco la sentencia

-quien sienta el miedo
es víctima o culpable-

cada cosa a su tiempo
pues ha de llegar la noche
como una ejecución
y al fin el sueño

32 postales romanas

lunes, 7 de noviembre de 2016

John Ashbery / Autorretrato en espejo convexo




Autorretrato en espejo convexo
C. 1524
Pintura manierista italiana
Kunsthistorisches Museum, Viena


Autorretrato en espejo convexo

Como hizo el Parmigianino, la mano derecha
más grande que la cabeza, adelantada hacia el espectador
y replegándose suavemente, como para proteger
lo que anuncia. Unos cristales emplomados, vigas viejas,
pieles, muselina plisada, un anillo de coral corren juntos
en un movimiento que sostiene al rostro, que flota
acercándose y retirándose como la mano
sólo que esta está en reposo. Es lo que está
sustraído. Dice Vasari: "Francesco se puso un día
a hacer su retrato, y se miró con ese propósito
en un espejo convexo, como los que usan los barberos...
Para ello mandó a un tornero que le hiciera
una bola de madera, y tras partirla por la mitad y
reducirla al tamaño del espejo, con gran arte
se puso a copiar cuanto veía en el espejo",
Principalmente su reflejo, del que el retrato
es el reflejo una vez quitado.
El espejo decidió reflejar tan sólo lo que él veía
lo que fue suficiente para su propósito: su imagen
barnizada, embalsamada, proyectada en un ángulo de 180 grados.
La hora del día o la densidad de la luz
adhiriéndose al rostro lo conservan
vivaz e intacto en un gesto recurrente
de llegada. El alma se asienta.
Pero ¿hasta dónde puede salir por los ojos flotando
y aún regresar a su nido a salvo? Al ser la superficie
del espejo convexa, la distancia aumenta
significativamente; es decir, lo bastante para apuntar
que el alma es un cautivo, tratado humanitariamente, mantenido
en suspenso, incapaz de avanzar hasta mucho más allá
de tu mirada cuando intercepta el cuadro.
El Papa Clemente y su corte se quedaron "estupefactos",
Según Vasari, y prometieron un encargo
que nunca se materializó. El alma debe permanecer donde está, (...)

(Fragmento)


domingo, 30 de octubre de 2016

Guy de Maupassant / Venus Landolina



Venus Landolina o Anadiomene
Copia romana de un original griego.
Siglo I a. C.
Museo Arqueológico Regional Paolo Orsi de Siracusa
Sicilia

Al entrar en el museo, la vi en el fondo de una sala, tan bella como imaginaba.

No tiene cabeza, le falta un brazo; sin embargo, nunca una figura humana se me apareció tan bella y turbadora.

No es para nada la mujer poética, la mujer idealizada, la mujer divina y majestuosa como la Venus de Milo, es la mujer tal como es,  tal como se la ama, tal como se la desea, tal como se la quiere abrazar.

Es gruesa, de fuerte pecho, la cadera poderosa y la pierna un poco pesada; es una Venus carnal que soñamos acostada cuando la vemos de pie. Su brazo perdido ocultaba los pechos; con la mano que le queda levanta una tela con la que cubre, con gracia, los encantos más íntimos. Todo el cuerpo está hecho, concebido, inclinado a este movimiento, todas las líneas convergen hacia él, todo pensamiento a él se dirige. Este gesto simple y natural, lleno de pudor y de impudicia, que oculta y muestra, que vela y revela, que atrae y repele, parece definir todas las características de las mujeres de la tierra.

El mármol está vivo, desearíamos palparlo con la certeza de que cederá a nuestra mano como si fuera carne.

Las caderas son animadas y bellas. Se desarrolla con todo su encanto esa línea ondulante y mórbida de las espaldas femeninas que va desde la nuca hasta los talones y que muestra en el contorno de las espaldas, en la redondez decreciente de los muslos y en la ligera curva de la pantorrilla que se adelgaza hasta los tobillos todas las modulaciones de la gracia humana.

Una obra de arte no es excelsa si no es, al mismo tiempo, un símbolo y la expresión exacta de una realidad.

La Venus de Siracusa es una mujer y es, también, el símbolo de la carne.


Guy de Maupassant. La vida errante. Sicilia

domingo, 23 de octubre de 2016

J. W. von Goethe / Templo de Segesta

Finales del siglo V a.C.
Arquitectura dórica griega

El templo de Segesta no se acabó nunca y el espacio alrededor no ha sido nunca allanado; sólo allanaron el círculo donde se cimentaron las columnas pues todavía ahora están en muchos sitios los escalones enterrados nueve o diez pies en el suelo y no hay monte en las cercanías de donde hubieran podido bajar las piedras y la tierra. Las piedras están, la mayoría, tendidas en su posición natural y no se encuentran ruinas.

Todas las columnas vense en pie: dos que se cayeron, las levantaron. (…)


Los costados tienen doce columnas, sin las de esquina. La parte de adelante y la de atrás, seis, con las de esquina. Las muescas que sirven para transportar las piedras no fueron cortadas en los escalones que rodean el templo, prueba de que jamás se terminó. Donde mejor se advierte es en el suelo, a trechos enlosado, en el centro se ve la caliza roja más alta que el nivel del piso; nunca debió ser embaldosado. Tampoco hay rastro alguno de sala interior pero debe suponerse que existía su proyecto. No estuvo estucado pero se supone que la intención era esa. En las piedras llanas de los capiteles hay salientes donde tal vez debiera prender el estuco. Todo está construido de una suerte de caliza semejante al travertino, ahora muy carcomida. La restauración de 1781 hizo mucho bien al edificio. El corte que une las piedras es sencillo pero bonito (…)


El emplazamiento del templo es singular. Al extremo superior de un valle ancho y largo, encima de una colina aislada rodeada de peñascos. Tiene vista sobre una gran extensión de tierra, pero sólo una esquina de mar. La tierra presenta el aspecto inmóvil de una fertilidad triste: todo está cultivado más no se ve habitación casi en ninguna parte. Sobre cardos en flor revolotean innumerables mariposas. (…) El viento susurraba entre las columnas como en un bosque y las aves de rapiña graznaban cerniéndose sobre el entablamento.



Johann Wolfgang von Goethe. Viaje por Italia

domingo, 9 de octubre de 2016

Josefa Parra / Habitación de hotel


Habitación de hotel
1931
Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid


Si hubiera una promesa
entre tú y yo, una cita
prorrogada, una luz allá a lo lejos
con que poder guiarme;
si quedase esperanza
-aunque fuese una triste
diminuta esperanza-;
si alguna vez tus labios
hubiesen pronunciado
la palabra mortal que yo anhelaba,
o algo que me sonara parecido,
pienso que aún hallaría
razón para aguardarte.
¿Y quién sabe si el trueque de la carne
no fue, de alguna forma, una promesa?

Josefa ParraDe "Alcoba del agua" 2002

domingo, 2 de octubre de 2016

Jorge Semprún / Judith y Holofernes



“Judit y Holofernes”
1611-12
Pintura barroca italiana
Museo de Capodimonte (Nápoles)




Del legajo se escapó una tarjeta postal, la recogió del suelo. Una imagen en blanco y negro gastada por el tiempo, el uso, el manoseo. Pero Mercedes recordaba los colores del cuadro que reproducía. «Me parece estar viéndolos», le había comentado alguna vez a Raquel. Alguna de las veces, a lo largo de los años, en que comentó con ésta -¿con quién si no?- las peripecias del viaje de novios de aquel verano, veinte años antes.
Se acordaba, es verdad.
Lo primero que en Nápoles llamó su atención, en el Museo de Capodimonte, fue la blancura nevosa de los hombros de Judit, sus pechos casi desnudos cuya belleza subrayaba la sombra que en el lienzo aislaba, realzándola, su mutua redondez.
En aquel cuadro Judit lucía un vestido azul, muy escotado. Pero ¿lucía realmente? Era el vestido, en efecto, de un azul poco lucido, poco reluciente, más bien apagado, como recluido en su propia densidad. No era un azul que reluciera sobre el lienzo, iluminándolo, sino que lo impregnaba, lo empapaba, difuminando por la superficie del cuadro una nocturnidad diáfana que se armonizaba con el sordo color rojo del vestido de la sirvienta de Judit, adecentado, sin escote ni hombros desnudos, ni senos sugeridos, mostrados en el caso de su ama hasta el  borde mismo del pezón.
La sirvienta sujetaba a Holofernes mientras su señora lo degollaba limpiamente, o sea, de un tajo de su corta y ancha espada que podía calificarse de limpio por lo decidido, lo tajante, justamente, aunque produjera borbotones de sangre que ensuciaban las sábanas del lecho instalado en la tienda de campaña del general enemigo de los judíos.
«Capodimonte, 1936, junio», estaba escrito al dorso de la postal que se acababa de escapar de la carpeta, en el espacio habitualmente reservado a la correspondencia, con la letra puntiaguda y vagorosa, la suya, de colegio de monjas, que se estilaba en los años treinta, hoy un tanto desvaída, casi borrosa, y es que había sido con lapicero.

Jorge Semprún  “Veinte años y un día”

lunes, 26 de septiembre de 2016

Octavio Paz / Dulcinea


Dulcinea
1911
Cubismo-futurismo
Museo de Arte de Filadelfia
 

La Dulcinea de Marcel Duchamp

 A Eulalio Ferrer
-Metafísica estáis.
-Hago striptease.

Ardua pero plausible, la pintura
cambia la tela blanca en pardo llano
y en Dulcinea al polvo castellano
torbellino resuelto en escultura.

Transeúnte de París, en su figura
—molino de ficciones, inhumano
rigor y geometría— Eros tirano
desnuda en cinco chorros su estatura.

Mujer en rotación que se disgrega
y es surtidor de sesgos y reflejos:
mientras más se desviste más se niega.
La mente es una cámara de espejos;
invisible en el cuadro, Dulcinea
perdura: fue mujer y ya es idea.
Árbol adentro

domingo, 18 de septiembre de 2016

Friedrich Nietzsche / El caballero, la muerte y el diablo




Alberto Durero
El caballero, la muerte y el diablo
Renacimiento alemán
1513
  

Que nadie intente debilitar nuestra fe en un renacimiento ya inminente de la Antigüedad griega; pues en ella encontramos la única esperanza de una renovación y purificación del espíritu alemán por la magia de fuego de la música. ¿Qué otra cosa podríamos mencionar que, en la desolación y decaimiento de la cultura de ahora, pudiese despertar alguna expectativa consoladora para el futuro? En vano andamos al acecho de una única raíz que haya echado ramas vigorosas, de un pedazo de tierra sana y fértil: por todas partes polvo, arena, rigidez, consunción. Aquí un hombre aislado y sin consuelo no podría elegir mejor símbolo que el caballero con la muerte y el diablo, tal como nos lo dibujó Durero, el caballero recubierto con su armadura, de dura, broncínea mirada, que emprende su camino de espanto, sin que lo desvíen sus horripilantes compañeros, y, sin embargo, desesperanzado, sólo con el corcel y el perro. Nuestro Schopenhauer fue un caballero dureriano de este tipo: le faltaba toda esperanza, pero quería la verdad. No existe su igual.

Friedrich Nietzsche “El nacimiento de la tragedia”

domingo, 11 de septiembre de 2016

Mercedes Cortázar / Afrodita de Cnido


S. IV a. C.



LA AFRODITA DE CNIDO

I
el visitante
te sorprende
en el baño
cuando miras
el reflejo de tu piel
en las aguas que te rodean.
si levantas los ojos
puedes ver a Rodas
en la distancia,
pero sigues observando
tu reflejo,
el mármol
transformado en piel,
el dulce juego de la luz
en la transparencia
de tu cuerpo.

II
cabalgando sobre los blancos corceles,
-- olas espumosas del mar divino --
atraviesas los que te anuncian
con conchas y trompetas,
chorreando algas y océano.
ignoras a los tritones,
áurea hija de Zeus,
cuando pasas con tus níveos brazos
domando el pináculo de la onda
que te propulsa
y te entrega
a la amorosa
y rosada playa donde,
finalmente,
reposas.

III
no truecas la caricia
por el cetro del Cronión,
y si usas el oro
es para verte
reflejada en él.
ante ti caen las espadas
y se yerguen los sueños.
la mullida esperanza
espera
en la alcoba
donde tú oficias
el lascivo
olvido
de la guerra.


IV
te escondes
en el gineceo,
y ni la furibunda noche,
ni el adusto viento
logran que depongas tu arco
y sueltes tu carcaj,
lleno de broncíneas flechas
con flamíferas puntas
-- regalo de las Parcas
de la negra muerte.
en el regazo de tu madre
pasas la noche,
recostando tu rostro
sobre el bordado ceñidor
del amor y el deseo
-- infante travieso --
tramando a quién
traspasarás mañana.



lunes, 5 de septiembre de 2016

Luis de Góngora / El Escorial


Monasterio de El Escorial (Madrid)
Siglo XVI

DE SAN LORENZO EL REAL DEL ESCORIAL

Sacros, altos, dorados capiteles,
Que a las nubes borráis sus arreboles,
Febo os teme por más lucientes soles
Y el cielo por gigantes más crueles.


Depón tus rayos, Júpiter; no celes
Los tuyos, Sol; de un templo son faroles
Que al mayor mártir de los españoles
Erigió el mayor rey de los fieles.

Religiosa grandeza del Monarca
Cuya diestra real al Nuevo Mundo
Abrevia, y el Oriente se le humilla.

Perdone el tiempo, lisonjee la Parca
La beldad desta Octava Maravilla,
Los años deste Salomón Segundo.




domingo, 28 de agosto de 2016

Espido Freire / San Jorge y el dragón.



San Jorge y el Dragón
c. 1455-60
Pintura renacentista italiana del quattrocento
Temple sobre lienzo
National Gallery, Londres

  
Tres meses después, cuando yo ya conocía bien los secretos que esperaba que me desvelara, ella regresaba de nuevo a su casa y a la National Gallery. Había encontrado trabajo en ella como vigilante al poco de llegar.
En los primeros días en Londres, yo giraba en torno a la National Gallery como un perro abandonado. Pensaba que si no encontraba alumnos, o si las clases resultaban demasiado caras, podría entrar a trabajar allí, como ella. Rondaba la sala 58, en la que los santos y santas de Crivelli parecían levitar sobre sus dedos larguísimos y sus pies inacabables, y las postales que envié por aquellas fechas se desplegaban para mostrar el mismo cuadro: San Miguel y el diablo bermejo.
Me gustaba también Ucello, cómo su San Jorge caballero implacable destrozaba al dragón que mantenía presa a la princesa, y cómo ella continuaba en su lugar, digna y erguida, hasta que aquella lucha hubiera terminado. La princesa de Tintoretto escapaba despavorida mientras el santo cumplía con su misión divina. La muchacha de Ucello era tan inhumana como la luz de la luna en el cuadro diurno, como la concentrada saña de San Jorge, o el irregular patrón del césped que los rodeaba. Junto a ellos el dragón, con sus ocelos de mariposa en las alas, se arrastraba por el suelo, herido, inevitablemente enternecedor.
“Diabulus in música”

lunes, 22 de agosto de 2016

Emma Lazarus / Estatua de la Libertad

La Libertad iluminando el mundo
Nueva York



EL NUEVO COLOSO
  
No como el gigante de bronce de la fama griega
de conquistadores miembros a horcajadas de tierra a tierra;
aquí en nuestras puertas del ocaso bañadas por el mar, se yergue
una poderosa mujer con una antorcha, cuya llama
es el relámpago aprisionado, y su nombre,
Madre de los exiliados. Desde su mano de faro
brilla la bienvenida para todo el mundo; sus apacibles ojos dominan
el puerto de aéreos puentes que enmarcan las ciudades gemelas,
"¡Guarden, antiguas tierras, su pompa legendaria!" grita ella
con silenciosos labios. "Dame tus cansadas, tus pobres,
tus hacinadas multitudes anhelantes de respirar en libertad,
el desdichado desecho de tu rebosante playa,
envía a estos, los desamparados que arrojó la ola, a mí
¡Yo alzo mi lámpara detrás de la puerta dorada!"

domingo, 14 de agosto de 2016

Francisco Brines / Frescos de Arezzo


1452-60
Pintura renacentista italiana


MUROS DE AREZZO

Dentro de aquella descarnada iglesia
la nave era una sombra, cuyo aliento
era un vaho de siglos, y en la hondura
vimos la luz sesgando el alto muro.
Y el sueño humano allí, con los colores
del más ardiente engaño, las cenizas
del deseo de un hombre sepultadas
en árbol, en corcel, séquito o ángel.
No puso fantasía ni invención:
sobre la faz del hombre y de la tierra
dejó el orden debido; y admiramos
no la belleza física, la imagen
de nuestra carne serenada. Suma
de perfección es la cabeza humana,
sin fuego de alegría y sin tristeza;
ni altiva ni humillada bajo el arco
del aire azul, tan quieta la mirada
que deja a los caballos sin instinto,
sin crecimiento natural al árbol.

Se nos narra una historia de este mundo;
el pretexto remoto de unos seres
como nosotros mismos, mas sabemos
que el bien y el mal aquí no son pasiones.
La pintada pared nos muestra el sueño
que abolió nuestra escoria: son iguales
el moribundo y el que ama, reyes
y palafreneros, montes o lanzas,
la desnudez y el atavío, sol
o noche, los piadosos y el guerrero,
la sed y la coraza, quien vigila
y el dormido en la tienda, la señora
y sus damas, el estandarte rojo
y el sepulcro, el joven y el anciano,
la indiferencia y el dolor, el hombre
y Dios.
            
Enamorado alguna vez,
y haciendo realidad el viejo sueño
de una mejor naturaleza, quiso
la perfección. Recordando el amor,
la dicha mantenida, sus pinceles
conservaron los hábitos y gestos
terrenales, copió la vida toda,
y a semejanza de él, aunque visible,
un aire hermoso y denso allí respiran
logrando un orden nuevo que serena:
feliz; sin libertad, vive aquí el hombre.

Palabras a la oscuridad.

domingo, 7 de agosto de 2016

Alexander Blok / Gamayun




Gamayun. El ave profética.
1897
Museo de Bellas Artes de  Daghestan, Makhachkala, Rusia.




GAMAYUN, AVE PROFÉTICA
(Cuadro de Vasnezóv)

Sobre las superficies planas de las aguas infinitas,
Por la puesta del sol vestidas de púrpura
Ella profetiza y canta
Sin fuerzas ya para levantar sus alas turbadas...
Profetiza el yugo de los bárbaros feroces,
Una serie de ejecuciones sangrientas,
El terremoto, el hambre y el fuego,
La fuerza de los malvados y la muerte de los justos...
Abarcada del terror eterno
Arde con el amor de su faz hermosa,
Pero en la verdad profética suenan
Los labios secos, sangrientos.





domingo, 31 de julio de 2016

Ana María Vieira / La urraca



La urraca
1869
Musée d’Orsay. París


 LA URRACA
(sobre un cuadro de Claude Monet)

Sobre el viejo portón iluminado
negra la urraca se detiene y mira.
El litúrgico manto de su lira
va encegueciendo el árbol desnudado.

Caen sus ramas bajo el peso helado
hacia la nieve que en sus visos gira.
Las rojas chimeneas de la ira
por la húmeda casa se han marchado.

¿Quién vive allí? ¿La multitud errante?
Tan sólo habita un hombre solitario
que sueña en soledad por un instante.

Sobre el portón, envuelta en un sudario,
la urraca grita como negra amante
su muerte oscura que se muere a diario.



lunes, 25 de julio de 2016

Charles Dickens / San Marcos de Venecia




“En tomo a este palacio, giraban claustros y galerías, tan ligeros que parecían obra de las hadas, pero tan sólidos que no reflejaban el paso de los siglos, y lo unían a una catedral realmente magnífica con sus libres y exuberantes fantasías orientales. No muy lejos del pórtico, una imponente torre solitaria, con su soberbia cúspide elevándose al cielo, miraba hacia el Adriático. Delante, en el lugar donde la plaza lindaba con el agua, se alzaban dos columnas de granito rojo de malos auspicios; la una coronada por una estatua armada con escudo y espada, la otra por un león alado. Algo más allá, otra torre, la más espléndida entre todas las cosas de aquí, donde todo es espléndido, sostenía en lo alto una gran bóveda celeste de brillantes dorados y un azul muy vivo. En la parte superior estaban pintados los signos zodiacales y un sol que giraba en torno a ellos. Más arriba, dos gigantes de bronce marcaban las horas golpeando con martillos la sonora campana. Parte de esta visión encantadora la componía una pequeña plaza rectangular delimitada por magníficos palacios de una piedra blanquísima y circundada por un hermoso pórtico muy ligero. Coloridos mástiles con estandartes se alzaban esbeltos sobre un suelo poco estable.

Me pareció entrar después en la catedral, y atravesarla longitudinalmente bajo los numerosos arcos de la nave central. Era una estructura grandiosa y fantástica de proporciones inmensas, resplandeciente por el oro de los antiguos mosaicos, perfumada, enturbiada por el humo del incienso, cofre de ricos tesoros de metal y piedras preciosas que brillaban tras las barras de hierro; una estructura sagrada para dar sepultura a los restos de los santos que descansan en ella, irisada por vidrieras pintadas, oscura en sus paneles de madera esculpida y en los mármoles de colores, en penumbra en las vastas alturas y en las negras profundidades, iluminada por lámparas de plata y farolas titilantes, irreal, fantástica, solemne, extraordinaria en todos sus rincones.”

Imágenes de Italia 

domingo, 17 de julio de 2016

Marilina Rébora / El cambista y su mujer


El cambista y su mujer
Pintura flamenca
1514
Museo del Louvre de Paris.



EL CAMBISTA Y SU MUJER

El cambista sostiene minúscula balanza
con que pesa, prolijo, los objetos preciosos:
monedas, joyas, dijes, que forman la esperanza
del próspero comercio de los cautos esposos.

La mujer, en los ojos, acusa desconfianza,
mientras hojea un libro con dedos despaciosos;
la otra mano, que muestra una fina alianza,
reposa sobre un libro de ornamentos piadosos.

Trajes rojo y azul; las tocas blanca y negra
se funden con la tabla de color verde, lisa,
y el dorado, disperso, todo el ambiente integra.

Un espejo ovoidal, en la mesa dispuesto,
refleja una ventana y a un hombre que pesquisa
-apoyado en el marco-, desde un lugar opuesto.


domingo, 10 de julio de 2016

Gonzalo Millán / Narciso



Narciso
1598-99
Galleria Nazionale d'Arte Antica, Palazzo Corsini. Roma
Pintura barroca italiana
 
I. EL NARCISO DEL PALACIO CORSINI

A primera vista es una inicial historiada
una gran letra D, una hebilla alegórica
compuesta por el arco y su flecha,
el amor sin amantes y sin la herida,
la imagen de un rostro embelesado
por las burbujas del estanque de cristal.
Modelo y reflejo están unidos
como en una guirnalda de luz y sombra,
la luz desde arriba contempla
su aurora y su ocaso;
la sombra desde abajo
abandona su oscuridad gracias al ojo.
Conciencia primera contemplándose
fascinada e incierta, desnuda y gozosa.
Unión del hombre con su reflejo,
de la mente con su mismo cuerpo.
Belleza que despierta amor,
reunión del hombre y la naturaleza
gracias a un espejo de agua.
Una letra para la ilustración
de algunas ideas platónicas
teatralizada de acuerdo a un gesto clásico:
El Spinario, antigua estatua griega
de un niño sacándose una espina del pie.
Una letra exquisita embellecida
para cegarse con su propia admiración,
el Andrógino mismo, Mister y Miss Abime.


Gonzalo Millán
Croquera con tres Caravaggio


domingo, 3 de julio de 2016

Álvaro Cunqueiro / Pórtico de la Gloria


Maestro Mateo
Pórtico de la Gloria
Catedral de Santiago de Compostela
Siglo XII


Constructor de puentes, Mateo construyó como un puente el Pórtico, bajo el que camina, tal un lento y oscuro río, la humana peregrinación. Había, quizás, aprendido por sí mismo aquello que, «secondo la mente et opinione dei platonici», Ficino y Pico de la Mirandola y algunos curiosos florentinos aprendieran dos siglos más tarde: a poner las aguas como imagen de la vida fugitiva, y «similia similibus curantur», a curar la melancolía contemplando marchar un río hacia la mar, que es el morir. En la Ponte Miña, de Portomarín –yo la he visto rota y desmoronada, tal como los siglos en el verso de Holderlin y las oscuras aguas apresurándose–, y en la gran puente sobre el Esla y en aquella bajo la que el Ulla conoce el mar, aprendió Mateo también a comparar las sonrisas en los humanos rostros con los movimientos del agua en los remansos. Para Leonardo llegarán a ser una y la misma cosa. Todas las figuras de Mateo en el Pórtico son desconocidos, misteriosa gente que él ha visto cruzar por las puentes que construyó, y con un carbón debió dibujarlas una y mil veces, curioso de tan pasajera y significativa belleza, de un remoto misterio, de una cabellera o una mirada... Debió conversar con muchos de ellos, y por eso el Pórtico está lleno de diálogos, y un oído atento podrá más de una vez recoger noticias de sucesos, confesiones, y sorprender oscuras nostalgias. Quizás, excepto lo que luego diré, lo más vivo, penetrante, exquisito y significativo del Pórtico de la Gloria, sea el susurro de las conversaciones que brotan de las figuras de piedra como el chorro de agua de una labrada fuente.

“Mestre Mateo”
Artículo publicado en “La Voz de Galicia”

domingo, 26 de junio de 2016

José Martí / Viajeros agotados


Viajeros agotados
1885
Corcovan Gallery of Art, (Washington)





XXI

Ayer la vi en el salón
De los pintores, y ayer
Detrás de aquella mujer
Se me saltó el corazón.

Sentada en el suelo rudo
Está en el lienzo: dormido
Al pie, el esposo rendido:
Al seno el niño desnudo.

Sobre unas briznas de paja
Se ven mendrugos mondados:
Le cuelga el manto a los lados,
Lo mismo que una mortaja.

No nace en el torvo suelo
Ni una viola, ni una espiga:
¡Muy lejos, la casa amiga,
Muy triste y oscuro el cielo!...

¡Esa es la hermosa mujer
Que me robó el corazón
En el soberbio salón
De los pintores de ayer!

Versos Sencillos

domingo, 19 de junio de 2016

Rainer M. Rilke / L'Orangerie


Jules Hardouin-Mansart
L’Orangerie. Palacio de Versalles
1684-1686
Arquitectura barroca francesa



La escalinata de la Orangerie
Versalles

Como reyes que al fin sólo caminan, solemnes,
casi sin rumbo, sólo para mostrarse, de vez
en cuando, a los que hacen reverencias
a ambos lados, en la soledad del manto...
así asciende, sola, entre las balaustradas
que ya se inclinan desde su principio,
la escalinata: lentamente y por la gracia de Dios
y hacia el cielo y hacia ninguna parte;
como si mandara a todos los que la siguen
quedarse atrás... así que no se atreven
a seguirla de lejos; no permitiendo siquiera
que ninguno llevara la pesada cola.

domingo, 12 de junio de 2016

Blas de Otero / Venus dormida


Venus dormida
1510
Pintura renacentista veneciana 
Gemäldegalerie Alte Meister. Dresde




  
VENUS

Así, disimulante en istmo y luna
iluminada, casi de oro y nieve;
entredormida y desmayando, leve,
los dedos bellos entre otra y una

columna unidas, sin asir ninguna
(tal, una mano a capitel se atreve),
así Giorgione te soñó... Si mueve
el pincel, es que peina o es que acuna.

Istmo divino, delicada isla,
Isis, oasis de disueltos oros,
sable de seda que se evade, aisla.

Y, al fondo, en un fingido paraíso,
si mudas frondas, cielo y luz canoros
que con los ojos, suavemente, aliso.


Blasde Otero "Ancia"