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lunes, 4 de septiembre de 2017

Fernando González / Hermafrodita




Copia romana de un original helenístico.
Siglo II a. C.
Museo Nacional Romano
Palazzo Massimo alle Terme.



El Hermafrodita dormido

No puedo decir cuál de mis mármoles es mejor. Sería infiel. Si dijera que la Venus de Cirene, ahí está el Hermafrodita…

Ahí está acostado con la frágil cabeza entre los brazos, el busto retorcido, apoyado sobre un pecho que parece un lirio, por lo efímero, y las piernas atormentadas para no oprimir demasiado el pene y los testículos…

En la playa se acuestan así: el brazo derecho echado para adelante, un poco doblado en el codo; la cabeza sobre tal brazo, reposada sobre la sien derecha. El otro brazo, enarcado alrededor de la cabeza, algo distante. El busto sobre la tetilla, y la otra queda descubierta a cierta distancia de la arena. La pierna derecha un poco flejada, y la otra se estira por encima de aquélla, de manera que el vientre forma un rincón…

Pues así está el pálido, atormentado y frágil Hermafrodita, adormecido en el calor del vago deseo… Sólo que la tetilla es un pecho como un lirio, un pecho que es tetilla y es teta, más hermoso que todos los femeninos.

Es un cuerpo pecado; que atrae y repele. Cuerpo que nos explica cómo los atenienses enviaron a Alejandro un efebo, en premio de sus batallas sublimes.

La garganta enfermiza parece pedúnculo de flor venenosa y nos invita al amor. Todo ese cuerpo pecaminoso nos atrae, hasta el pequeño y suave pene. ¡Atracción maligna! De todo él resulta el complejo de emociones que forman el infierno de la belleza.

Es delgado, femenino y masculino. Quisiera llevarlo y pegarle y besarlo, y adorar a Dios en él. El Hermafrodita constituye el summum de la conquista en el arte: ¡reunir en la creación humana las bellezas de la mujer y del hombre, unificar la Naturaleza en un mármol!

Sólo puedo decir que desde mi encuentro con el Hermafrodita que duerme en el segundo piso del Museo Nacional de Roma, comprendo muchas cosas que antes ni sospechaba. El reino de nuestro Padre que está en los cielos tiene muchas moradas. El Hermafrodita griego no es la sucia inversión, sino la unificación de las bellezas, Dios padre y Dios madre. En el fondo de la inversión yace el ansia de perfección.

Pero quedó mal eso de que «el busto se apoya sobre un pecho que parece…». Ese pecho está comprimido por el tronco y no se percibe bien. El que parece un lirio es el otro, el que casi cae a la plancha de mármol sobre que yace el pobre atormentado…

Está adormecido, pero emana de todo él, de todas sus células, el sentimiento de que aprieta el pecho duramente, que siente placer-dolor en apretarlo y que pronto se pondrá bocabajo para comprimir también el sexo. Es un cuerpo contra natura que pide a gritos mudos el dolor de las caricias-castigos. El Hermafrodita llama a gritos a los dioses para que lo castiguen en todas las formas, porque a causa de todas las bellezas merece todos los castigos.

El Hermafrodita dormido.

domingo, 6 de agosto de 2017

Percy Bysshe Shelley / Estatua de Ramsés II



Escultura egipcia
19ª dinastía, alrededor de 1250 a.C.
Museo Británico de Londres.



OZYMANDIAS

Conocí a un viajero de una tierra antigua
que dijo: «dos enormes piernas pétreas, sin su tronco
se yerguen en el desierto. A su lado, en la arena,
semihundido, yace un rostro hecho pedazos, cuyo ceño
y mueca en la boca, y desdén de frío dominio,
cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones
las cuales aún sobreviven, grabadas en estos inertes objetos,
a las manos que las tallaron y al corazón que las alimentó.
Y en el pedestal se leen estas palabras:
"Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
¡Contemplad mis obras, poderosos, y desesperad!"
Nada queda a su lado. Alrededor de la decadencia
de estas colosales ruinas, infinitas y desnudas
se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas.

domingo, 9 de julio de 2017

Fernando Senante / El guerrero de Goslar



Escultura abstracta.
Santa Cruz de Tenerife

El guerrero

No has muerto en la batalla,
sigue alzado tu escudo hacia la luz. El aire
parece haber pulido el sudor de tu cuerpo
mientras se arremolinan las hojas de este otoño
tan poco convencido de si mismo.
Rendido pero absuelto, capaz aunque agonices,
habita tu presencia todo el trozo de Rambla.
El destino acertó al darte este paisaje:
laureles de victoria rodean tu figura,
desde sus copas miran erguidos tu derrota.
Su altura es la distancia que te aleja de tu triunfo
y el final que la vida te negó para siempre.

Sin embargo, los niños
encaraman sus juegos a tu bronce tendido
y hay miradas de viejos que contigo descubren
lo bello de luchar hasta el último instante.
Estos, y no otros lances te quedan en la vida,
caer no significa merecer el destierro.
Desde la tierra logra el milagro diario
de perder el aliento sin que fallezca el alma,
perder el equilibrio sin que llegue la muerte.

Por eso, no te culpes de haber sido vencido,
de haber perdido arrojo y fuerza en el combate:
hay luchas que se ganan con la derrota digna
más que con la victoria teñida de vileza.

Nosotros acogemos tu rendición eterna,
el grito impreciso que tu boca no grita,
la sangre que no emana de tu cuerpo de bronce;
hasta el día en que un dios resucite tu espada
y como un dios camines sin rencor por la rambla.

[Ante la escultura El guerrero Goslar, de
 Henry Moore, en Santa Cruz de Tenerife. 
Desde otro lugar, en abril de 1989]

Fernando Senante
Nosotros 

domingo, 4 de junio de 2017

Leconte de Lisle / Venus de Milo


Afrodita de Melos (Venus de Milo)
Escultura helenística.
130 - 100 a.C.
Museo del Louvre (París)


Mármol sagrado, revestido de fuerza y de genio,
diosa irresistible de porte victorioso,
pura como un rayo y como una armonía,
¡oh Venus, oh la belleza, madre blanca de los Dioses!

No eres Afrodita, acunada por el oleaje,
posando sobre tu concha azul un níveo pie,
mientras en torno a ti, visión rosada y rubia,
vuelan las risas de oro junto al enjambre de los juegos.

No eres Citerea, en su pose relajada,
perfumando con tus besos al dichoso Adonis
y sin más testigos sobre las ramas combadas
que palomas de alabastro y pichones enamorados.

Tampoco la Musa de elocuentes labios,
ni la casta Venus, ni la muelle Astarté,
la cual, con la frente coronada de rosas y hojas de acanto,
sobre un lecho de lotos se está muriendo de placer.

¡No! las risas, los juegos, las Gracias entrelazadas,
sofocadas de amor, no te acompañan.
Tu cortejo está formado por estrellas acompasadas,
y los astros se han enlazado en cadena tras tus pasos.

¡Oh, adorable símbolo de una felicidad impasible,
tranquila como el mar en su serenidad,
ningún sollozo ha quebrado tu seno imperturbable,
nunca humanos llantos han empañado tu belleza!

¡Salud! El corazón se arroja hacia tu imagen.
Una ola de mármol sumerge tus blancos pies;
caminas, orgullosa y desnuda, y el mundo palpita
y se encuentra dentro de ti, ¡diosa de grandes costados!

¡Islas, moradas de los dioses! ¡Hélade, sagrada madre!
¡Oh! ¿por qué no he nacido en el santificado archipiélago
en los gloriosos siglos en que la tierra, inspirada,
asistía al descenso del cielo a la primera apelación!

Si mi cuna, flotando sobre la arcaica Tetis,
no fue acariciada por su cálido cristal;
si no he rezado bajo el frontón ático
de tu altar nativo, victoriosa belleza;

prende dentro de mi pecho la chispa sublime,
no apagues mi gloria en la tumba;
¡y deja que mis pensamientos se viertan en ritmos de oro,
como metal divino dentro de un molde armonioso!

Leconte de Lisle . Poèmes antiques.

domingo, 14 de mayo de 2017

María Sanz / Jinete de Bamberg



Jinete o Caballero de Bamberg.
Escultura gótica
Siglo XIII
Catedral de Bamberg (Baviera)



Tu mirada podría
sostener una etapa jubilosa
de los viejos maestros
del alto Rin.
Tu rostro atemperado
resume cada siglo en la presencia
de quien quiso encontrarte
sin buscar un espejo
más allá de las aguas.
Caballero, qué triste
es no poder alzar ese ropaje
ceñido a tu verdad,
y sostenerlo
mientras la piedra gime
presintiendo una sombra desbocada.


Tempo de vuelo sostenido, 2004

domingo, 23 de abril de 2017

Luis Cernuda / David



David
Escultura renacentista italiana
1504
Galería de la Academia de Florencia

           ESCULTURA INACABADA
(David-Apolo de Miguel Ángel) 
SORPRENDIDO, ah, sorprendido
Desnudo, en una pausa,
Por la selva remota,
Traspuesto el tiempo. 
Adherido a la tierra
Todavía, al tronco
Y a la roca, en la frontera
De infancia a mocedades. 
Es el instante el alba
Pura del cuerpo,
En el secreto absorto
De lo que es virgen. 
Reposo y movimiento
Coinciden, ya en los brazos,
El sexo flor no abierta,
O los muslos arco de lira. 
Por el dintel suspenso
De su propia existencia,
Se mira ensimismado
Y a sí se desconoce.
Dentro en el pensamiento,
Escucha a su destino,
Caída la cabeza,
Entornados los ojos.
Calla. Que no despierte,
Cuando cae en el tiempo,
Ya sus eternidades
Perdidas hoy.
Mas tú mira, contempla
Largo esa hermosura,
Que la pasión ignora;
Contempla voz y llanto 
Fue amor quien la trajera,
Amor, la sola fuerza humana,
Desde el no ser, al sueño
Donde latente asoma.

Luis Cernuda. La realidad y el deseo. 1924.

jueves, 30 de marzo de 2017

John Keats / Vaso de Sosibios



Sosibios
Crátera de volutas
Estilo neo-áticoSiglo I a. C.
Museo del Louvre




Oda a una urna griega

Tú, todavía virgen esposa de la calma,
criatura nutrida de silencio y de tiempo,
narradora del bosque que nos cuentas
una florida historia más suave que estos versos.
En el foliado friso ¿qué leyenda te ronda
de dioses o mortales, o de ambos quizá,
que en el Tempe se ven o en los valles de Arcadia?
¿Qué deidades son esas, o qué hombres? ¿Qué doncellas rebeldes?
¿Qué rapto delirante? ¿Y esa loca carrera? ¿Quién lucha por huir?
¿Qué son esas zampoñas, qué esos tamboriles, ese salvaje frenesí?  

 Si oídas melodías son dulces, más lo son las no oídas;
sonad por eso, tiernas zampoñas,
no para los sentidos, sino más exquisitas,
tocad para el espíritu canciones silenciosas.
Bello doncel, debajo de los árboles tu canto
ya no puedes cesar, como no pueden ellos deshojarse.
Osado amante, nunca, nunca podrás besarla
aunque casi la alcances, mas no te desesperes:
marchitarse no puede aunque no calmes tu ansia,
¡serás su amante siempre, y ella por siempre bella!
         
 ¡Dichosas, ah, dichosas ramas de hojas perennes
que no despedirán jamás la primavera!
Y tú, dichoso músico, que infatigable
modulas incesantes tus cantos siempre nuevos.
¡Dichoso amor! ¡Dichoso amor, aun más dichoso!
Por siempre ardiente y jamás saciado,
anhelante por siempre y para siempre joven;
cuán superior a la pasión del hombre
que en pena deja el corazón hastiado,
la garganta y la frente abrasadas de ardores.

¿Éstos, quiénes serán que al sacrificio acuden?
¿Hasta qué verde altar, misterioso oficiante,
llevas esa ternera que hacia los cielos muge,
los suaves flancos cubiertos de guirnaldas?
¿Qué pequeña ciudad a la vera del río o de la mar,
alzada en la montaña su calma ciudadela
vacía está de gentes esta sacra mañana?
Oh diminuto pueblo, por siempre silenciosas
tus calles quedarán, y ni un alma que sepa
por qué estás desolado podrá nunca volver.

¡Ática imagen! ¡Bella actitud, marmórea estirpe
de hombres y de doncellas cincelada,
con ramas de floresta y pisoteadas hierbas!
¡Tú, silenciosa forma, tu enigma nuestro pensar excede
como la Eternidad! ¡Oh fría Pastoral!
Cuando a nuestra generación destruya el tiempo
tú permanecerás, entre penas distintas
de las nuestras, amiga de los hombres, diciendo:
«La belleza es verdad y la verdad belleza»... Nada más
se sabe en esta tierra y no más hace falta.


domingo, 12 de marzo de 2017

Margarita Hernando de Larramendi / Laocoonte



Laocoonte y sus hijos
Siglo I d. C.
Escultura helenística
Museo Pío-Clementino (Museos Vaticanos)


El sufrimiento de Laocoonte

Más
-mucho más-
me hiere vuestra duda,
habitantes de Troya
amados míos

Mil veces la serpiente se vengue
mil veces me torture
mil veces me venza
y aun me mate

que mucho más doloroso
-que sólo insoportable-
me es vuestro recelo.

Las palabras perdidas (y otros poemas)

domingo, 19 de febrero de 2017

Luis Alberto de Cuenca / Venus de Willendorf



Venus de Willendorf
Escultura paleolítica.
22.000-20.000 a.C.
Museo de Historia Natural de Viena

La Venus de Willendorf

Entre las chicas norteamericanas
que estudian español en la academia
de enfrente de tu casa, hay una gorda
que es igual que la Venus de tus sueños.
Bajo una camiseta de elefante
que pone «University of Indiana
(Jones)» y unos pantalones de hipopótamo,
se mueve por el mundo con el arte
que le da su ascendencia mitológica.
Hace ya varios días que vigilo
desde el balcón su cuádruple barbilla
y el sol dorado de su cabellera.
Hace ya varios días que le envío,
cuando se pone a tiro de mis ojos,
dardos de amor y flechas de deseo.
Pero no llegan nunca a su destino.

Su nombre era el de todas las mujeres

domingo, 29 de enero de 2017

Juan Luis Panero / La Forêt



La Forêt
1950
Fundación Alberto et Annette Giacometti, Paris


Avanzan solos gris andrajo de nubes
gris pesadilla bronce herido llamaradas grises
terco pedernal de fantasmas
tierra terracota mineral
insomnes avanzan furor helado
bronce herrumbre ira petrificada
cuerpos sombras sombras cuerpos
ballet de muerte astillas de sueños
avanzan solitarios remotos
ciegos árboles andando atraviesan
puertas piedras palabras
plata roñosa paredes de espejos
lágrimas sin ojos avanzan
reclaman mendigan sueñan
otro infierno distinto
otro infierno
otro.


domingo, 30 de octubre de 2016

Guy de Maupassant / Venus Landolina



Venus Landolina o Anadiomene
Copia romana de un original griego.
Siglo I a. C.
Museo Arqueológico Regional Paolo Orsi de Siracusa
Sicilia

Al entrar en el museo, la vi en el fondo de una sala, tan bella como imaginaba.

No tiene cabeza, le falta un brazo; sin embargo, nunca una figura humana se me apareció tan bella y turbadora.

No es para nada la mujer poética, la mujer idealizada, la mujer divina y majestuosa como la Venus de Milo, es la mujer tal como es,  tal como se la ama, tal como se la desea, tal como se la quiere abrazar.

Es gruesa, de fuerte pecho, la cadera poderosa y la pierna un poco pesada; es una Venus carnal que soñamos acostada cuando la vemos de pie. Su brazo perdido ocultaba los pechos; con la mano que le queda levanta una tela con la que cubre, con gracia, los encantos más íntimos. Todo el cuerpo está hecho, concebido, inclinado a este movimiento, todas las líneas convergen hacia él, todo pensamiento a él se dirige. Este gesto simple y natural, lleno de pudor y de impudicia, que oculta y muestra, que vela y revela, que atrae y repele, parece definir todas las características de las mujeres de la tierra.

El mármol está vivo, desearíamos palparlo con la certeza de que cederá a nuestra mano como si fuera carne.

Las caderas son animadas y bellas. Se desarrolla con todo su encanto esa línea ondulante y mórbida de las espaldas femeninas que va desde la nuca hasta los talones y que muestra en el contorno de las espaldas, en la redondez decreciente de los muslos y en la ligera curva de la pantorrilla que se adelgaza hasta los tobillos todas las modulaciones de la gracia humana.

Una obra de arte no es excelsa si no es, al mismo tiempo, un símbolo y la expresión exacta de una realidad.

La Venus de Siracusa es una mujer y es, también, el símbolo de la carne.


Guy de Maupassant. La vida errante. Sicilia

domingo, 11 de septiembre de 2016

Mercedes Cortázar / Afrodita de Cnido


S. IV a. C.



LA AFRODITA DE CNIDO

I
el visitante
te sorprende
en el baño
cuando miras
el reflejo de tu piel
en las aguas que te rodean.
si levantas los ojos
puedes ver a Rodas
en la distancia,
pero sigues observando
tu reflejo,
el mármol
transformado en piel,
el dulce juego de la luz
en la transparencia
de tu cuerpo.

II
cabalgando sobre los blancos corceles,
-- olas espumosas del mar divino --
atraviesas los que te anuncian
con conchas y trompetas,
chorreando algas y océano.
ignoras a los tritones,
áurea hija de Zeus,
cuando pasas con tus níveos brazos
domando el pináculo de la onda
que te propulsa
y te entrega
a la amorosa
y rosada playa donde,
finalmente,
reposas.

III
no truecas la caricia
por el cetro del Cronión,
y si usas el oro
es para verte
reflejada en él.
ante ti caen las espadas
y se yerguen los sueños.
la mullida esperanza
espera
en la alcoba
donde tú oficias
el lascivo
olvido
de la guerra.


IV
te escondes
en el gineceo,
y ni la furibunda noche,
ni el adusto viento
logran que depongas tu arco
y sueltes tu carcaj,
lleno de broncíneas flechas
con flamíferas puntas
-- regalo de las Parcas
de la negra muerte.
en el regazo de tu madre
pasas la noche,
recostando tu rostro
sobre el bordado ceñidor
del amor y el deseo
-- infante travieso --
tramando a quién
traspasarás mañana.



lunes, 22 de agosto de 2016

Emma Lazarus / Estatua de la Libertad

La Libertad iluminando el mundo
Nueva York



EL NUEVO COLOSO
  
No como el gigante de bronce de la fama griega
de conquistadores miembros a horcajadas de tierra a tierra;
aquí en nuestras puertas del ocaso bañadas por el mar, se yergue
una poderosa mujer con una antorcha, cuya llama
es el relámpago aprisionado, y su nombre,
Madre de los exiliados. Desde su mano de faro
brilla la bienvenida para todo el mundo; sus apacibles ojos dominan
el puerto de aéreos puentes que enmarcan las ciudades gemelas,
"¡Guarden, antiguas tierras, su pompa legendaria!" grita ella
con silenciosos labios. "Dame tus cansadas, tus pobres,
tus hacinadas multitudes anhelantes de respirar en libertad,
el desdichado desecho de tu rebosante playa,
envía a estos, los desamparados que arrojó la ola, a mí
¡Yo alzo mi lámpara detrás de la puerta dorada!"

domingo, 3 de julio de 2016

Álvaro Cunqueiro / Pórtico de la Gloria


Maestro Mateo
Pórtico de la Gloria
Catedral de Santiago de Compostela
Siglo XII


Constructor de puentes, Mateo construyó como un puente el Pórtico, bajo el que camina, tal un lento y oscuro río, la humana peregrinación. Había, quizás, aprendido por sí mismo aquello que, «secondo la mente et opinione dei platonici», Ficino y Pico de la Mirandola y algunos curiosos florentinos aprendieran dos siglos más tarde: a poner las aguas como imagen de la vida fugitiva, y «similia similibus curantur», a curar la melancolía contemplando marchar un río hacia la mar, que es el morir. En la Ponte Miña, de Portomarín –yo la he visto rota y desmoronada, tal como los siglos en el verso de Holderlin y las oscuras aguas apresurándose–, y en la gran puente sobre el Esla y en aquella bajo la que el Ulla conoce el mar, aprendió Mateo también a comparar las sonrisas en los humanos rostros con los movimientos del agua en los remansos. Para Leonardo llegarán a ser una y la misma cosa. Todas las figuras de Mateo en el Pórtico son desconocidos, misteriosa gente que él ha visto cruzar por las puentes que construyó, y con un carbón debió dibujarlas una y mil veces, curioso de tan pasajera y significativa belleza, de un remoto misterio, de una cabellera o una mirada... Debió conversar con muchos de ellos, y por eso el Pórtico está lleno de diálogos, y un oído atento podrá más de una vez recoger noticias de sucesos, confesiones, y sorprender oscuras nostalgias. Quizás, excepto lo que luego diré, lo más vivo, penetrante, exquisito y significativo del Pórtico de la Gloria, sea el susurro de las conversaciones que brotan de las figuras de piedra como el chorro de agua de una labrada fuente.

“Mestre Mateo”
Artículo publicado en “La Voz de Galicia”

domingo, 1 de mayo de 2016

Carlos Barral / Tlaloc


Museo Nacional de Antropología. México D.F.

TLALOC EN CHAPULTEPEC


Es éste el altar verdadero de la acechante confusión.
Aquí, mi hermano, más que en la antigua pirámide
con lomo de palacio y catedrales y el agua venenosa del estanque,
mucho más que en el recinto de albañales sangrientos y serpientes.
Aquí son las lenguas enroscadas, los ojos impasibles
vítricos de venganza y las bocas de grito,
donde en apariencia la muchacha alborotada y el viejo buscador de estampas.
Esto, aquí, no es cristal ni vidrio sino cuajarón de esperma
de razas exterminadas y estirpes en extinción. Y, ves, al fondo,
lo que parecen nubes es tolvanera amenazante y entre aquellas
breñas viven los que de todos modos ya están muertos
y se conserva la lluvia antiquísima contaminada de orines.
Y mira entre muro y muro cuánta contradicción:
el grupo de los cuates civiles bajo los rígidos sombreros que parecen
alegres compinches, es banda de matones,
y aquellas fieras gentes son músicos, en cambio, y poetas divinos.
“Usuras”

viernes, 1 de abril de 2016

William Gibson / Drac del Parc Güell


Drac del Parc Güell (Barcelona)
Modernismo
1900-1914
  

Yacía de bruces sobre una superficie áspera. Abrió  los ojos. Un sendero de piedras redondas, húmedas de lluvia. Se incorporó, rodando sobre sí mismo, y vio el  panorama brumoso de una extraña ciudad, con el mar  a lo lejos. Había torres, algo así como una iglesia, nervaduras insensatas y espirales de piedra tallada... Se  volvió y descubrió un enorme lagarto que se deslizaba  en su misma dirección a lo largo de una pendiente, las fauces abiertas. Bobby pestañeó. Los dientes del lagarto eran pedazos de cerámica manchada de verde,  un lento hilo de agua lamía sus labios de porcelana  azul. La cosa era una fuente, sus flancos recubiertos  por miles de fragmentos de cerámica destrozada. Dio  media vuelta, enloquecido por la proximidad de la  muerte. Hielo, hielo, y una parte de él supo entonces con toda exactitud lo cerca que en realidad había estado de ella en la sala de su madre.          
Había unos bancos extrañamente curvos, cubiertos  con el mismo vertiginoso mosaico de porcelana, y árboles, hierba... Un parque.   
            -Extraordinario - dijo alguien. 
Un hombre, se levantó de su asiento en uno de los bancos en forma de serpiente. Tenía una prolija mata de pelo gris, un rostro bronceado y redondo, gafas sin montura que magnificaban sus ojos azules-. Pasaste directo aquí, ¿verdad?
            -¿Qué es esto? ¿Dónde estoy?
            -En el Parque Güell. Barcelona, si prefieres.
            -Usted mató a Jackie.

“Conde Cero”

domingo, 13 de marzo de 2016

Vicente Blasco Ibáñez / Puerta de los Apóstoles


Puerta de los Apóstoles de la catedral de Valencia 
Arte gótico
Principios del s. XIV


      En el tímpano aparecía la Virgen con seis ángeles de rígidas albas y alas de menudo plumaje, mofletudos, con llameante tupé y pesados tirabuzones, tocando violas y flautas, caramillos y tambores. Corrían por los tres arcos superpuestos de la portada tres guirnaldas de figurillas, ángeles, reyes y santos, cobijándose en calados doseletes. Sobre robustos pedestales exhibíanse los doce apóstoles; pero tan desfigurados, tan maltrechos, que no los hubiera conocido Jesús: los pies, roídos; las narices rotas; las manos, cortadas; una fila de figurones, que más que apóstoles parecían enfermos escapados de una clínica, mostrando dolorosamente sus informes muñones. Arriba, al final de la portada, abríase, como gigantesca flor cubierta de alambrado, el rosetón de colores que daba luz a la iglesia, y en la parte baja, en la base de las columnas adornadas con escudos de Aragón, la piedra estaba gastada, las aristas y los follajes, borrosos por el frote de innumerables generaciones.
      
En este desgaste de la portada adivinábase el paso de la revuelta y el motín. Junto a estas piedras se había aglomerado y confundido todo un pueblo; allí se había agitado en otros siglos, vociferante y rojo de rabia, el valencianismo levantisco, y los santos de la portada, mutilados y lisos como momias egipcias, al mirar al cielo con sus rotas cabezas, parecían estar oyendo aún la revolucionaria campana de la Unión o los arcabuzazos de las germanías.

La puerta de los Apóstoles, vieja, rojiza, carcomida por los siglos, extendiendo su roída belleza a la luz del sol, formaba un fondo digno del antiguo tribunal: era como un dosel de piedra fabricado para cobijar una institución de cinco siglos.

“La barraca”

domingo, 21 de febrero de 2016

Manuel Mujica Láinez / El elefante


Arte manierista italiano
Siglo XVI

    
  
Por lo pronto resolví que la roca ubicada detrás del Ninfeo, a un lado del ancho plano superior, estaría dedicada a evocar a Abul y el elefante Annone. Puse enseguida manos a la tarea, y Zannobi realizó el dibujo correspondiente que mostraba al esclavo sobre la testa del paquidermo cuyo lomo sustentaba un castillo. Dirigidos por el muchacho los artesanos comenzaron su quehacer, y la piedra atónita, atacada y trizada por primera vez, voló en esquirlas. No cedió fácilmente. El trabajo era menos simple de lo que al principio pareciera, y los improvisados escultores lo con un calor en el que se traslucía el arrebato de obedecer a una vocación desconocida pero cierta, que emanaba de umbrosas urgencias ancestrales, y de cumplir algo que los rescataba de su condición de rústicos, iluminando su brío y su sudor con la llama –tan amada por los hombres del Renacimiento- propia del artista. La primavera se insinuaba ya en el valle, en las colinas, con brotes y perfumes, con una dulce languidez. Cuando empezaban a entreverse las líneas groseras del diseño, en la efigie monumental, se me ocurrió que la pétrea masa que subsistía delante de la cabezota de la bestia podría metamorfosearse en un guerreo vencido, liado poderosamente por la trompa. Ese guerrero sería Beppo, muerto por Abul. Enorme, el elefante se perfiló en las anfractuosidades del parque de Bomarzo. Fue mi obra inicial. Satisfecha mi obligación hacia Julia Farnese, en el minúsculo edificio que recordaba con la elegancia severa de su columnata la serenidad ceremoniosa de mi mujer, mi pensamiento se volcó en Abul. Tenía que ser así. La imagen extraña de Abul regía una época de mi vida.

“Bomarzo”

domingo, 31 de enero de 2016

Sigmund Freud / Moisés




Miguel Ángel
Moisés
Iglesia de San Pietro in Víncoli (Roma)
1515
Escultura italiana del Renacimiento (cinquecento)  



Una figura dotada de tal movimiento sería absolutamente incompatible con el estado de ánimo que todo el monumento funerario debía despertar.
        Así, pues, este Moisés no debe querer levantarse;  tiene que poder permanecer en soberana calma, como  las demás figuras y como la proyectada estatua del Papa  mismo (que Miguel Ángel no llegó a ejecutar). Pero entonces el Moisés que contemplamos no puede ser la  representación del hombre poseído de cólera, que, al  descender del Sinaí, ve a su pueblo entregado a la apostasía y arroja contra el suelo, quebrándolas, las tablas  de la Ley. Y, realmente, recuerdo yo mi decepción cuando en anteriores visitas a la iglesia de San Pietro in Vincoli me senté ante la estatua, esperando ver cómo  se alzaba violenta, arrojaba las tablas al suelo y descargaba su cólera. Nada de ello sucedió; por el contrario, la  piedra se hizo cada vez más inmóvil; una calma sagrada, casi agobiante, emanó de ella, y sentí necesariamente  que allí estaba representado algo que podría permanecer inmutable, que aquel Moisés permanecería allí eternamente sentado y encolerizado.


"Psicoanálisis del Arte”

domingo, 10 de enero de 2016

Andrée Conrad / Espinario


Siglo II a. C.
Museos Capitolinos (Roma)
Escultura helenística



EL ESPINARIO

Desde la madreselva al hibisco
las abejas revolotean susurrando
en estos atrios de piedra labrada,
poblados de bronce sobredorado.
De jarras de oro el amo sorbe vino
a su albedrío; camina manchando de verde
su corto látigo, decapitando
sin distinguir entre maleza y flor,
y los gatos se escurren de arbusto
en arbusto sin saber si ronronear o huir.
Una balada, griega o gala, hace que deponga
el látigo; las manos del amo
palmean por una vasija con crema.
El gorgoteo del vino llena una copa.
Albahaca etrusca, tomillo egipcio,
y pimienta de la India se mezclan
en el aire con cordero asado;
risas, chismes de esclavos. Petirrojos,
pinzones y reyezuelos agitan
las hojas del madroño,
la higuera, y el ciruelo, con plumas
de limón, pistacho y rojo oscuro;
bolas de luz que caen sobre el mantel.
Hoy, el amo los llama,
los alimenta con pan rociado
de aceite de oliva y sésamo.
La brisa de la tarde levanta
la falda de agua de la fuente.
¿Estará lloviendo? En la casa,
las cabezas se tornan hacia el atrio.
Ignorado, recién llegado de Grecia,
el discóbolo se prepara a lanzar
el disco. A su lado, un niño con piel
de cardenillo frunce el ceño,
extrayéndose una espina del pie.
El amo, afligido, pasa
acariciando, como los esclavos,
el bronce del pie herido
resplandeciente como el oro.

Andrée Conrad