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domingo, 23 de abril de 2017

Luis Cernuda / David



David
Escultura renacentista italiana
1504
Galería de la Academia de Florencia

           ESCULTURA INACABADA
(David-Apolo de Miguel Ángel) 
SORPRENDIDO, ah, sorprendido
Desnudo, en una pausa,
Por la selva remota,
Traspuesto el tiempo. 
Adherido a la tierra
Todavía, al tronco
Y a la roca, en la frontera
De infancia a mocedades. 
Es el instante el alba
Pura del cuerpo,
En el secreto absorto
De lo que es virgen. 
Reposo y movimiento
Coinciden, ya en los brazos,
El sexo flor no abierta,
O los muslos arco de lira. 
Por el dintel suspenso
De su propia existencia,
Se mira ensimismado
Y a sí se desconoce.
Dentro en el pensamiento,
Escucha a su destino,
Caída la cabeza,
Entornados los ojos.
Calla. Que no despierte,
Cuando cae en el tiempo,
Ya sus eternidades
Perdidas hoy.
Mas tú mira, contempla
Largo esa hermosura,
Que la pasión ignora;
Contempla voz y llanto 
Fue amor quien la trajera,
Amor, la sola fuerza humana,
Desde el no ser, al sueño
Donde latente asoma.

Luis Cernuda. La realidad y el deseo. 1924.

domingo, 31 de enero de 2016

Sigmund Freud / Moisés




Miguel Ángel
Moisés
Iglesia de San Pietro in Víncoli (Roma)
1515
Escultura italiana del Renacimiento (cinquecento)  



Una figura dotada de tal movimiento sería absolutamente incompatible con el estado de ánimo que todo el monumento funerario debía despertar.
        Así, pues, este Moisés no debe querer levantarse;  tiene que poder permanecer en soberana calma, como  las demás figuras y como la proyectada estatua del Papa  mismo (que Miguel Ángel no llegó a ejecutar). Pero entonces el Moisés que contemplamos no puede ser la  representación del hombre poseído de cólera, que, al  descender del Sinaí, ve a su pueblo entregado a la apostasía y arroja contra el suelo, quebrándolas, las tablas  de la Ley. Y, realmente, recuerdo yo mi decepción cuando en anteriores visitas a la iglesia de San Pietro in Vincoli me senté ante la estatua, esperando ver cómo  se alzaba violenta, arrojaba las tablas al suelo y descargaba su cólera. Nada de ello sucedió; por el contrario, la  piedra se hizo cada vez más inmóvil; una calma sagrada, casi agobiante, emanó de ella, y sentí necesariamente  que allí estaba representado algo que podría permanecer inmutable, que aquel Moisés permanecería allí eternamente sentado y encolerizado.


"Psicoanálisis del Arte”

jueves, 10 de diciembre de 2015

Pío Baroja / Cúpula de San Pedro



Miguel Ángel
Arquitectura renacentista italiana
Cinquecento


Era un azul de un brillo de nácar; en el cenit brillaba imperceptiblemente alguna estrella; en el poniente nadaban nubes doradas y rojas.
- Mira San Pedro; parece un trozo de nube.
- Si, es verdad; tiene un color azul como si fuera transparente.
Sonaban algunas campanadas y seguían pasando las grandes nubes blancas y majestuosas por el horizonte; en el Janículo, la estatua de Garibaldi se levantaba gallardamente en el aire, como un pájaro dispuesto a levantar el vuelo.
- Cuando contemplo así Roma –murmuró Laura-, siento una pena, una tristeza.
- ¿Por qué?
- Porque pienso que he de morir, y que ya no volveré a ver Roma. Ella estará así todavía siglos y siglos, iluminada por el sol, y yo habré muerto ya...¿Qué horror! ¡Qué horror!


“César o nada”