lunes, 17 de agosto de 2015

Leopoldo Alas 'Clarín' / Catedral de Oviedo

Arte Gótico. Siglo XVI


  
“La torre de la catedral, poema romántico de piedra, delicado himno, de dulces líneas de belleza muda y perenne, era obra del siglo diez y seis, aunque antes comenzada, de estilo gótico, pero, cabe decir, moderado por un instinto de prudencia y armonía que modificaba las vulgares exageraciones de esta arquitectura. La vista no se fatigaba contemplando horas y horas aquel índice de piedra que señalaba el cielo; no era una de esas torres cuya aguja se quiebra de sutil, más flacas que esbeltas, amaneradas, como señoritas cursis que aprietan demasiado el corsé; era maciza sin perder nada de su espiritual grandeza, y hasta sus segundos corredores, elegante balaustrada, subía como fuerte castillo, lanzándose desde allí en pirámide de ángulo gracioso, inimitable en sus medidas y proporciones. Como haz de músculos y nervios la piedra enroscándose en la piedra trepaba a la altura, haciendo equilibrios de acróbata en el aire; y como prodigio de juegos malabares, en una punta de caliza se mantenía, cual imantada, una bola grande de bronce dorado, y encima otra más pequeña, y sobre esta una cruz de hierro que acababa en pararrayos”

Leopoldo Alas “Clarín” “La Regenta”


lunes, 10 de agosto de 2015

Mario Vargas Llosa / Venus con el amor y la música


Venus con el amor y la música
Hacia 1548
Pintura renacentista italiana. Escuela veneciana.
Museo del Prado. Madrid.

Ella es Venus, la italiana, la hija de Júpiter, la hermana de Afrodita la griega. El tañedor del órgano le da lecciones de música. Yo me llamo Amor. Pequeñín, blando, rosáceo y alado, tengo mil años de edad y soy casto como una libélula. El ciervo, el pavo real y el venado que se divisan por la ventana están tan vivos como la pareja de amantes enlazados que pasean a la sombra de los árboles de la alameda. En cambio, el sátiro de la fuente en cuya testa surte agua cristalina de una jofaina de alabastro, no lo está: es un pedazo de mármol toscano que un hábil artista venido del sur de Francia modeló. También nosotros tres estamos vivos y despiertos como el arroyo que baja de la montaña cantando entre las piedras o como la algarabía de los loros que vendió a don Rigoberto, nuestro señor, un mercader del África. (Los cautivos animales se aburren ahora en una jaula del jardín.) Ha comenzado el crepúsculo y pronto caerá la noche. Cuando ella llegue con sus andrajos plomizos, el órgano callará y yo y el profesor de música deberemos partir para que el dueño de todo lo que aquí se ve, entre a esta habitación a tomar posesión de su señora. Venus, para entonces, gracias a nuestra voluntad y buen oficio, estará pronta para recibirlo y entretenerlo como su fortuna y rango merecen. Es decir, con fuego de volcán, sensualidad de ofidio y engreimientos de gata de Angora.

Mario Vargas Llosa "Elogio de la madrastra”

miércoles, 5 de agosto de 2015

Lord Byron / Apolo del Belvedere


Atribuido a Leócares
Copia romana de primera calidad
de una estatua griega del siglo IV a.C


  
Ahora miro al señor del infalible arco,
el dios de la vida, la poesía y la luz,
el Sol, encarnado en miembros humanos,
y todo radiante desde su triunfo en el combate.
El dardo acaba de ser lanzado, la flecha brilla
con la venganza del inmortal; en su ojo
y en su fosa nasal, hermoso desdén,  poder
y majestad destellan sus plenos rayos
desarrollando en esa mirada la Deidad.

“La peregrinación de Childe Harold"

Versión original:
CLXI
Or view the Lord of the unerring bow,
The God of life, and poesy, and light—
The Sun in human limbs arrayed, and brow
All radiant from his triumph in the fight;
The shaft hath just been shot—the arrow bright
With an immortal's vengeance; in his eye
And nostril beautiful disdain, and might
And majesty, flash their full lightnings by,
Developing in that one glance the Deity.

lunes, 27 de julio de 2015

Gerardo Diego / La Giralda


Arte islámico español. Periodo almohade
Siglo XII
   

                                                                           Giralda

Giralda en prisma puro de Sevilla,
nivelada del plomo y de la estrella,
molde en engaste azul, torre sin mella,
palma de arquitectura sin semilla.
Si su espejo la brisa enfrente brilla,
no te contemples -ay, Narcisa- en ella,
que no se mude esa tu piel doncella,
toda naranja al sol que se te humilla.
Al contraluz de luna limonera,
tu arista es el bisel, hoja barbera
que su más bella vertical depura.
Resbala el tacto su caricia vana.
Yo mudéjar te quiero y no cristiana.
Volumen nada más: base y altura.
Gerardo Diego
“Alondra de verdad” 

miércoles, 22 de julio de 2015

Julio Cortázar / Enrique VIII


Retrato de Enrique VIII de Inglaterra
Pintura renacentista alemana. 1540
Galleria Nazionale d'Arte Antica, Roma
  
Se ha querido ver en este cuadro una cacería de elefantes, un mapa de Rusia, la constelación de la Lira, el retrato de un papa disfrazado de Enrique VIII, una tormenta en el mar de los Sargazos, o ese pólipo dorado que crece en las latitudes de Java y que bajo la influencia del limón estornuda levemente y sucumbe con un pequeño soplido. Cada una de estas interpretaciones es exacta atendiendo a la configuración general de la pintura, tanto si se la mira en el orden en que está colgada como cabeza abajo o de costado. Las diferencias son reductibles a detalles; queda el centro que es ORO, el número SIETE, la OSTRA observable en las partes sombrero-cordón, con la PERLA-cabeza (centro irradiante de las perlas del traje o país central) y el GRITO general absolutamente verde que brota del conjunto. Hágase la sencilla experiencia de ir a Roma y apoyar la mano sobre el corazón del rey, y se comprenderá la génesis del mar. Menos difícil aún es acercarle una vela encendida a la altura de los ojos; entonces se verá que eso no es una cara y que la luna, enceguecida de simultaneidad, corre por un fondo de ruedecillas y cojinetes transparentes, decapitada en el recuerdo de las hagiografías. No yerra aquel que ve en esta petrificación tempestuosa un combate de leopardos. Pero también hay lentas dagas de marfil, pajes que se consumen de tedio en largas galerías, y un diálogo sinuoso entre la lepra y las alabardas. El reino del hombre es una página de historial, pero él no lo sabe y juega displicente con guantes y cervatillos. Este hombre que te mira vuelve del infierno; aléjate del cuadro y lo verás sonreír poco a poco, porque está hueco, está relleno de aire, atrás lo sostienen unas manos secas, como una figura de barajas cuando se empieza a levantar el castillo y todo tiembla. Y su moraleja es así: «No hay tercera dimensión, la tierra es Plana, el hombre repta. ¡Aleluya! ». Quizá sea el diablo quien dice estas cosas, y quizá tú las crees porque te las dice un rey. 


Historias de Cronopios y de Famas
-Manual de instrucciones-


domingo, 12 de julio de 2015

Aleister Crowley / Balzac




Monumento a Balzac,  1898
Musée Rodin, París




 BALZAC

Gigantesco, oscurecido por los misterios del hierro,
embozado, Balzac álzase y mira. El desdén inmenso,
el silencio egipcio, el poder del dolor,
la carcajada de Gargantúa, agitan o acallan la ígnea
estatura del Maestro, vívida. A lo lejos, aterrado,
el aire ensordecedor estremece la piel. En vano
el Maestro de «La Comedia Humana»
oscurece sus profundos ojos, genio iluminado.

Epitalamios, canciones de cuna y epitafios
están escritos en el misterio de sus labios.
La triste sabiduría, la insolente ignominia y la agonía sublime
yacen en los pliegues mortuorios de la capa, escarpadas montañas;
y la piedad se oculta en el corazón. El torvo saber estrecha
a la humanidad esencial. Balzac álzase, y ríe.

Rodin en verso

domingo, 5 de julio de 2015

Coriolano González Montañez / Túmulo de Newgrange


Arte megalítico
Alrededor del 3200 a. C.

 

                   NEWGRANGE


                  Hace unos miles de años
                  el rayo del solsticio de invierno
                  penetró la ventana e iluminó
                  una pared sin símbolos.

                 -Los ojos la escrutan buscando una señal
                 virgen al expolio-
                 En unos pocos miles de años
                 quizá el misterio sea revelado.
                 
                 Y no habrá nadie.

                   Coriolano González Montañez
“Cuaderno irlandés”