domingo, 5 de junio de 2016

Alí Bey / Cúpula de la Roca



Cúpula de la Roca (Jerusalén)
Arte islámico
Siglo VII



El Sáhhara es un templo que, por su armonía con El Aksa, puede considerarse como formando parte de un todo. Toma el nombre de un peñasco muy venerado que se halla en el centro del edificio. Está situado el Sáhhara sobre una plataforma paralelograma de unos 460 pies de largo de Norte a Sur y de 399 de ancho de Este a Oeste, elevada dieciséis pies sobre el plan general de El Haram; súbese allí por ocho escaleras- dos por el lado del sur, dos por el norte, una por el este y tres por el oeste. Casi en medio de dicha plataforma, bien enlosada de mármol, se eleva el magnífico edificio del Sáhhara, templo octógono, cuyos lados por la parte exterior tienen cada cual sesenta y un pies de longitud. (...) Del centro del edificio se eleva una soberbia cúpula esférica, con dos hileras de ventanas grandes que dan afuera, y sostenida por cuatro gruesos pilares y doce magníficas columnas colocadas en círculos. Dicho círculo central se halla rodeado de dos naves octógonas concéntricas, separarlas entre sí por ocho pilares y dieciséis columnas de la misma especie y magnitud que las del centro, y son del más bello mármol pardo. Los techos son llanos; y el todo cubierto de adornos del gusto más exquisito y de molduras de mármol pardo. Los capiteles de las columnas son de orden compuesto y enteramente dorados. Las columnas que forman el círculo central tienen bases áticas; las que hay entre las naves octágonas están cortadas por la parte inferior, careciendo   hasta del listel o filete que debía terminar la carta y, en   lugar de base, llevan un dado o cubo de mármol blanco. La proporción de las columnas parece participar del   orden corintio, y la carta es de dieciséis pies. El diámetro de la cúpula tendrá unos cuarenta y siete pies, su altura noventa y tres. El diámetro total del edificio es con poca diferencia de cincuenta y nueve pies y medio. El plano del círculo central, elevado tres pies sobre el de las naves que le rodean, está cerrado por una alta y   magnífica reja de hierro dorado. Comprende dicho círculo central la roca llamada el   Sáhhara Alláh; que es el objeto particular de aquel soberbio edificio y en general el de El Haram, o templo de   Jerusalén.  El Hádjera el Sáhhara, o la roca del Sáhhara, es un peñasco que sale de tierra sobre un diámetro medio de treinta y tres pies en forma de segmento de esfera. La superficie de la roca es desigual, áspera y en su forma natural. Hacia la parte del norte se ve un agujero o   excavación hecho, según la tradición, por los cristianos que querían llevarse la parte que falta de la piedra; pero que entonces se hizo invisible a los ojos de los   infieles, y luego los fieles creyentes hallaron dicha parte dividida en dos pedazos, los cuales se hallan en otros parajes de El Haram, y de ellos hablaremos más adelante.

“Peregrinación a La Meca”

domingo, 29 de mayo de 2016

Manuel Rivas / La lechera


La lechera,
1658-60
Pintura barroca. Escuela holandesa
Rijksmuseum  (Amsterdam)


Tambien fui al Rijksmuseum y allí encontré La lechera de Vermeer.
El embrujo de La lechera, pintado en  1660, radica en la luz. Expertos y críticos han  escrito textos muy sugerentes sobre la naturaleza de esa luminosidad, pero la última conclusión es siempre un interrogante. Es lo que llaman el misterio de Vermeer. Antes de ir a parar al Rijksmuseum, tuvo varios propietarios. En 1798 fue vendido por un tal Jan Jacob a un tal J. Spaan por un precio de 1.500  florines. En el inventario se hace la siguiente observación: «La luz, entrando por una ventana en el lateral, da una impresión milagrosamente natural».       
Ante esa pintura, yo tengo tres años. Conozco a aquella mujer. Sé la respuesta al  enigma de la luz.

Hace siglos, madre, en Delft, ¿recuerdas?,
tú vertías la jarra en casa de Johannes
Vermeer , el pintor, el marido de Catharina Bolnes, 
hija de la señora Marí Thins, aquella estirada, 
que tenía otro hijo medio loco,
Willem, si mal no recuerdo,
el que deshonró a la pobre Mary Gerrits,
la criada que ahora abre la puerta 
para que entres tú, madre, 
y te acerques a la mesa del rincón
y con la jarra derrames mariposas de luz 
que el ganado de los tuyos apacentó 
en los verdes y sombríos tapices de Delft. 
La misma que yo soñé en el Rijksmuseum, 
Johannes Vermeer encalará con leche 
esas paredes, el latón, el cesto, el pan, 
tus brazos, 
aunque en la ficción del cuadro
la fuente luminosa es la ventana. 
La luz de Vermeer, ese enigma de siglos, 
esa claridad inefable sacudida de las manos de Dios, 
leche por ti ordeñada en el establo oscuro, 
a la hora de los murciélagos.    

Cuando le di a leer el poema a mi madre, ni siquiera pestañeó. Me sentí inseguro. Hablaba de la luz, quizá era demasiado oscuro. Fui a un estante y cogí un libro sobre Vermeer, el de John Michael Montias, en que venía una reproducción de La lechera. Esta vez, mi madre pareció impresionada. Miró la estampa durante mucho tiempo sin hablar. Después guardó el poema y se fue.    
Días más tarde, mi madre volvió de visita a nuestra casa. Traía, como acostumbra, huevos de sus gallinas, y patatas, cebollas y  lechugas de su huerta. Ella siempre dice. «Vayas donde vayas, lleva algo». Antes de despedirse dijo: « He traído también una cosa para ti ». Abrió el bolso y sacó un papel blanco doblado como un pañuelo de encaje. El papel envolvía una foto. Mi madre explicó que había ido de casa en casa de sus hermanas para poder recuperarla. La foto era de soltera. Anterior a 1960 pero muy posterior, desde luego, a 1660. Mi madre no recuerda quién fue el fotógrafo. Sí recuerda la casa, la dueña de mal carácter, el hijo medio loco y la criada que abría la puerta. Era una chica muy guapa, de cerca de Culleredo. «Un día fui y me abrió otra. A ella la habían despedido, pero yo nunca supe el porqué.» En su mirada había una pregunta: «¿Y tú cómo supiste lo de la pobre Mary? ». Luego sentenció: «Tras los pobres anda siempre la guadaña». Por el contrario, mi madre no le daba ninguna importancia a que la mujer del cuadro y la de la foto se pareciesen tanto como dos gotas de leche.


lunes, 23 de mayo de 2016

Juan de Arguijo / Níobe moribunda



Níobe moribunda
(hacia 440 a. de C.)
 Museo de las Termas. (Roma)
Arte clásico griego





                               A una estatua de Níobe que labró Praxíteles de Ausonio


Viví, y en dura piedra convertida,
labrada por la mano artificiosa
de Praxíteles, Niobe hermosa,
vuelvo segunda vez a tener vida.

A todo me dejó restituida,
mas no al sentido, l'arte poderosa;
que no le tuve yo, cuando furiosa
los altos dioses desprecié atrevida.

¡Ay triste! Cuán en vano me consuelo,
si ardiente llanto mana el mármol frío
sin que mi antigua pena el tiempo cure;

Pues ha querido el riguroso cielo,
porque fuese perpetuo el dolor mío,
que faltándome l'alma, el llanto dure.


domingo, 15 de mayo de 2016

Pausanias / Acrópolis de Atenas


Arte clásico griego
A partir del s. V a.C.



            A la Acrópolis hay una sola entrada. No ofrece otra, porque es toda escarpada y rodeado de una fuerte muralla. Los Propileos tienen un techo de mármol blanco, y por el esplendor y la grandiosidad de sus mármoles sobresalen todavía en mi tiempo. Respecto a las estatuas de los jinetes, no sé decir con certidumbre si representan a los hijos de Jenofonte o si son puramente decorativas.
            A la derecha de los Propileos hay un templo de Nike Áptera. Desde allí es plenamente visible el mar, y allí se arrojó Egeo y murió, según dicen. (...)
            A la izquierda de los Propileos hay un edificio que contiene pinturas. Entre las que el tiempo no ha hecho que se borraran se ve a Diomedes y Ulises, uno quitando a Filoctetes su arco en Lemnos, y el otro la Atenea de Ilión. (...)
            En la misma entrada a la Acrópolis está el Hermes que llaman Propileo y las Cárites, que dicen que esculpió Sócrates, hijo de Sofronisco, del que la Pitia testificó que era el más sabio de los hombres, lo que no dijo ni siquiera de Anocarsis, aunque lo quería, y por eso fue a Delfos.    
            Entrando en el templo que llaman Partenón, todo lo que está en el llamado frontón hace referencia al nacimiento de Atenea, mientras en la parte posterior está la disputa de Posidón con Atenea por la tierra. La imagen está hecha de marfil y oro. En medio del casco hay una figura de la esfinge (...) y a uno y otro lado del yelmo hay grifos esculpidos en relieve (...). Son los grifos unos animales parecidos a leones con alas y pico de águila. Sobre los grifos baste lo dicho.    
            La estatua de Atenea es de pie con manto hasta los pies, y en su pecho tiene insertada la cabeza de la Medusa de marfil; tiene una Nike de aproximadamente cuatro codos y en la mano una lanza; hay un escudo junto a sus pies y cerca de la lanza una serpiente; esta serpiente podría ser Erictonio. En la base de la estatua está esculpido el nacimiento de Pandora. (...)   
         

“Descripción de Grecia“

domingo, 8 de mayo de 2016

Jorge Teillier / El poeta tendido



El poeta tendido
1915
Tate Gallery. Londres




también podríamos estar tendidos
en el primer plano del cuadro
con la chaqueta manchada de pasto
y de nuestro sueño
quizás surgirían
un caballo indiferente
una vaca de lento rumiar
una choza de techo de paja
Pero
el asunto
es que las cosas sueñen con nosotros,
y al final no se sepa
si somos nosotros quienes soñamos con el poeta
que sueña este paisaje,
o es el paisaje quien sueña con nosotros
y el poeta
y el pintor

Jorge Teillier
El poeta en el campo

domingo, 1 de mayo de 2016

Carlos Barral / Tlaloc


Museo Nacional de Antropología. México D.F.

TLALOC EN CHAPULTEPEC


Es éste el altar verdadero de la acechante confusión.
Aquí, mi hermano, más que en la antigua pirámide
con lomo de palacio y catedrales y el agua venenosa del estanque,
mucho más que en el recinto de albañales sangrientos y serpientes.
Aquí son las lenguas enroscadas, los ojos impasibles
vítricos de venganza y las bocas de grito,
donde en apariencia la muchacha alborotada y el viejo buscador de estampas.
Esto, aquí, no es cristal ni vidrio sino cuajarón de esperma
de razas exterminadas y estirpes en extinción. Y, ves, al fondo,
lo que parecen nubes es tolvanera amenazante y entre aquellas
breñas viven los que de todos modos ya están muertos
y se conserva la lluvia antiquísima contaminada de orines.
Y mira entre muro y muro cuánta contradicción:
el grupo de los cuates civiles bajo los rígidos sombreros que parecen
alegres compinches, es banda de matones,
y aquellas fieras gentes son músicos, en cambio, y poetas divinos.
“Usuras”

domingo, 24 de abril de 2016

Georges Borrow / Haram de la mezquita de Córdoba


Haram de la mezquita de Córdoba
Arte islámico español
Ss. IX-X


La Catedral, único edificio notable de Córdoba, como ya he dicho, es acaso el templo más extraordinario del mundo. Fue en su origen, como todos saben, una mez­quita, erigida en los días más brillantes de la dominación árabe en España. Era de planta cuadrangular y de techo bajo, sostenido por infinidad de redondas columnas de mármol, pequeñas y finas, muchas de las cuales subsis­ten aún, y ofrecen al primer golpe de vista la apariencia de un bosque de mármol; la mayor parte de ellas, sin embargo, fueron quitadas cuando los cristianos, después de expulsar a los muslimes, quisieron transformar la mez­quita en catedral, como, en efecto, la transformaron par­cialmente, levantando una cúpula y despejando en el in­terior un cierto espacio para hacer el coro. Tal como hoy está el templo parece pertenecer en parte a Mahoma, y en parte al Nazareno; y aunque la mezcla de la pesada arquitectura gótica con el aéreo y delicado estilo de los árabes produce un efecto algo raro, todavía el edificio es magnífico y grandioso, y muy adecuado para suscitar el respeto y la veneración en el ánimo del visitante.

  1. Georges Borrow
    La Biblia en España